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Trump trituró las pruebas

Feb 6, 2022 , , ,


El funcionario Solomon Lartey, analista de registros con 30 años de carrera y un salario de 66.000 dólares al año, pasó los primeros meses de la administración Trump pegando papelitos. Lo hacía con encomiable paciencia, pertrechado de grandes rollos de cinta adhesiva transparente, en un despacho de la Oficina Ejecutiva Eisenhower, junto al ala oeste de la Casa Blanca. Otros empleados le llevaban los montones de pedazos de folio o cuartilla recogidos del despacho oval, y él y sus compañeros los recomponían como si fueran rompecabezas para luego presentarlo a un supervisor y finalmente depositarlos en el archivo, tal como ordenan las normas.


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Fernando García

FILE PHOTO: An explosion caused by a police munition is seen while supporters of U.S. President Donald Trump riot in front of the U.S. Capitol Building in Washington, U.S., January 6, 2021. REUTERS/Leah Millis/File Photo

Resulta que el nuevo presidente de Estados Unidos tenía la costumbre de hacer añicos muchos de los documentos que pasaban por sus manos, sin importarle lo establecido en contra por la Ley de Registros Presidenciales. Solomon Lartey se esmeró por evitar o al menos atenuar la vulneración de esa, pero de pronto él y su principal asistente recibieron sendas cartas de despido sin explicaciones. Después, en junio del 2018, él contó su historia al diario Politico, que en el momento la sumó a otros incontables reportes de la disfuncional gestión de Donald Trump. Fuera de Estados Unidos, esa historia pasó entonces prácticamente desapercibida. Pero ahora cobra especial importancia.

El líder y los suyos recurrieron al fiscal, al Pentágono y a Interior para tratar de confiscar máquinas de votación

Parte de los papeles y registros oficiales que el expresidente intentó ocultar al comité investigador del asalto al Capitolio llegaron despedazados a la mesa de esa comisión del Congreso. El propio presidente los había triturado, indicó la institución de Archivos Nacionales, encargada de custodiarlos. Algunos documentos habían sido reconstruidos por sucesores de Lartey, obviamente atemorizados ante la posibilidad de verse envueltos en posibles delitos; otros registros estaban todavía hechos confeti, listos para su recomposición. Pero algunos más parecen difíciles o imposibles de recuperar.

El hecho ha trascendido después de que el Tribunal Supremo rechazara los intentos de Trump de bloquear la entrega de más de 700 páginas de legajos oficiales. Son papeles con apuntes, borradores y actas de actividades y movimientos, suyos y de sus colaboradores, en relación con el intento de anular las presidenciales mediante el ataque a la sede del Congreso el 6 de enero del 2021. A falta de conocerse concretamente cuáles de esos papeles intentó destruir, los juristas señalan que podemos estar ante un delito de obstrucción a la justicia o contra la ley de Registros Presidenciales.

Partido Reublicano 

Un monolito con algunas grietas

Después de algunos desmarques internos con respecto al expresidente por sus falsas denuncias de fraude electoral y su papel en el asalto al Capitolio, la dirección del Partido Republicano fue haciéndose más y más monolítica en su respaldo a Donald Trump a lo largo del 2021. Este último viernes, el Comité Nacional de la formación aprobó una resolución en la que calificó el asalto al Congreso de “discurso político legítimo”. Además, el máximo órgano republicano acusó de traición a sus dos representantes en el comité que investiga la insurrección del 6 de enero del 2021, Liz Cheney y Adam Kinzinger. Pero, casi al tiempo, el ex vicepresidente Mike Pence negó que él hubiera podido, como Trump sostiene con insistencia, anular las presidenciales. Y el senador Mitt Romney afirmó en un tuit: “La vergüenza cae sobre un partido que censura a las personas de conciencia que buscan la verdad frente al vitriolo. El honor está con Liz Cheney y Adam Kinzinger”. El monolito presenta grietas.

La revelación coincide con otras muchas de los últimos días sobre cómo el expresidente y los suyos recurrieron al Pentágono, al Departamento de Seguridad Nacional y al fiscal general para tratar de confiscar las máquinas de recuento de votos en ciertas circunscripciones clave en su derrota. 

Un mes largo después de las elecciones de noviembre del 2020, Trump pidió a su abogado y exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, que llamara al Departamento de Seguridad Nacional para ver si podía requisar legalmente el control de las máquinas de votación en estados “dudosos”. Asesores del presidente habían propuesto lo mismo con el Pentágono, e incluso redactaron un borrador de resolución en tal sentido que acaba de trascender. Y el propio Trump había presionado al fiscal general, William Barr, para que ordenara la incautación.

Trump sigue insistiendo en que le robaron las elecciones. Lo hace con el apoyo del Partido Republicano y de millones de estadounidenses que creen o fingen creer  sus mentiras 

Todos esos planes fracasaron, y entonces el derrotado gobernante recurrió a su número dos, Mike Pence, para que anulara el resultado de los comicios en el acto donde debía ratificarse, aquel 6 de enero. Como Pence ­tampoco parecía dispuesto a ceder, unos 2.500 seguidores del exmandatario tomaron el Capitolio al asalto.

La insurrección terminó, nunca está de más recordarlo, con la muerte de cuatro civiles y un policía en el momento de los hechos, m­ás la de otros cuatro agentes que se suicidaron en días siguientes. Más de un año después, Trump insiste en que le robaron las elecciones. Lo hace con el apoyo de la plana mayor del Partido Republicano y de millones de estadounidenses que siguen creyendo en sus mentiras… o que hacen como si no supieran que lo son.





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