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Un culo para gobernar el mundo, por Josep Martí Blanch

Feb 6, 2022 , , , , , , ,


Uno puede plantar una lechuga y descubrir al cosecharla que lo que arranca de la tierra es un sangrante chuletón. No piensen que estoy loco porque a ustedes no les haya sucedido una cosa igual. Mi huerto es muy particular. Convengamos, eso sí, que este es un caso extremo por excepcional. Así que vayamos a ejemplos más populares por compartidos. Un fin de semana organizado para que luzca un sol reluciente solventado con un aguacero de cuarenta y ocho horas, un amor jurado eterno que finaliza a la semana siguiente, un régimen que acaba con un michelín de más en vez de uno menos o un tonto muy tonto que se cree listo muy listo. Esto último es lo que más familiar ha de sonarles. A poco que extiendan el brazo tocarán un ejemplar. La vida es contradicción y paradoja. Así hay que celebrarla.

España, no toda pero sí la más ruidosa, celebraba ya y antes de hora un nuevo logro político que iba a cambiar no solo nuestras vidas, sino las de todos los que están por venir. Decimos logro político y no musical porque ese era el verdadero asunto. No se trataba de una reforma laboral, ni del IRFP, tampoco de una nueva reforma educativa o de la creación de una agencia de evaluación del coste-beneficio de las políticas públicas. No. Era algo más disruptivo y revolucionario. Mandar a Eurovisión una canción feminista u otra cantada en gallego que sirviera de metáfora de la plurinacionalidad española tantas veces negada. Hasta los partidos políticos entraron al trapo. Ministras de lo etéreo dando su apoyo a Rigoberta Bandini, gobernantes gallegos soplando la gaita para animar a las Tanxugueiras. Banderas diferentes, pero banderas de lo moderno y cuqui. Moda vestida de ideología e intelectualidad. Como leer a Gabriel García Márquez y a Isabel Allende en los ochenta. ¿Quién decía entonces que el abuso del realismo mágico podía resultar un tostón?

BENIDORM (ALICANTE), 29/01/2022.- La cantante Chanel (c) y su canción

 

Manuel Lorenzo / Efe

Y llegó Chanel vestida para matar al mundo que íbamos a comernos y fue ella quien nos deglutió con tan solo mover las caderas. E irrumpió el mal humor de quienes se sintieron vencidos otra vez por la historia. Y aparecieron pancartas que inquirían sobre a quién dan miedo las tetas y por qué tanto pavor a las lenguas minoritarias. Como si estuviera escrito que la revolución definitiva fuese a vivirse en un escenario de Eurovisión con un público entregado al jolgorio y luciendo orgulloso el friquismo más extremo. No hay nada de lo que extrañarse. Hay quien habla de los pobres osos polares a punto de desaparecer por el cambio climático tomando una copa en pleno invierno en una terraza que intenta calefactar el universo entero y no observa contradicción en ello.

La letra con la que competirá Chanel representa bien la cultura musical mayoritaria del momento. La sexualización de la mujer en grado extremo. La que no se avergüenza de poner cachondos a los amigos de papá para que alguno le acabe regalando un bolso, la que se alegra de poder gobernar el mundo con el movimiento de sus glúteos. La que reduce la lucha de la mujer a poder decir, como los hombres desde el albor de los tiempos, que ella también está siempre “ready”. Practica una revolución menos idolatrada: la de hacer bailar y divertirse. Es comprensible el mal humor. Particularmente entre quienes se lo toman todo tan en serio que incluso piden los cortados con zumo de avena. Uno se prepara para la revolución feminista o lingüística y al final descubre que todo queda reducido a un póster de los que se colgaban y cuelgan en un taller.

Y llegó Chanel vestida para matar al mundo que íbamos a comernos y fue ella quien nos deglutió

Hay que resignarse. Mi favorita era la señora Bandini. Más que por el homenaje a las madres y a las tetas, porque fue un descubrimiento y una excelente compañía durante el secuestro del primer confinamiento. Pero hay que aceptar con deportividad que cuando el río baja hay que nadar a favor de corriente. Bailar lo que acabe disponiendo el altavoz.

Chanel es ya una reina. Será la bomba del 2022. Como en el 2021 lo fue en España C. Tangana, el cantante más escuchado en Spotify, que regala versos tan revolucionarios como “no he olvidado el olor de la que me follé en el baño de un garito, borracho en Berlín”.

Con tongo o sin él, Chanel es quien mejor representará el espíritu de los tiempos en Eurovisión. El festival se ha convertido también en un huerto mágico. Acudieron los motivados de la trascendencia en masa a plantar tomates y la tierra les devolvió un jamón curado. Divirtámonos y aceptemos que las cosas son como son. Estemos todos ready, pues.





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