• Mié. Oct 5th, 2022
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Un plan contra la exclusión digital, por Editorial



Carlos San Juan, un jubilado de 78 años, impulsor de la campaña “Somos mayores, no idiotas”, entregó anteayer en el Ministerio de Hacienda 600.000 firmas pidiendo atención humana en las sucursales bancarias. San Juan se ha convertido en el ariete de la lucha contra la exclusión de los mayores de formación pretecnológica, que se sienten discriminados por una banca cada día más digitalizada, cuyos mecanismos –en cajeros automáticos o aplicaciones de móvil– no siempre saben comprender y usar.

Esta campaña coincide con una coyuntura bancaria marcada por varios factores. Por una parte, el retroceso de su modelo de negocio. Por otra, una política sostenida de cierre de sucursales (2.925, el 27% de la red bancaria, en el 2021) y reducción de personal (del 11% en el 2021). Y, por otra, unos beneficios récord, que el año pasado alcanzaron en España los 19.866 millones de euros.

La autoridad bancaria admite la protesta de los mayores y anuncia un plan para atenderla

La reacción oficial a dicha campaña ha sido positiva. Nadia Calviño, ministra de Hacienda y vicepresidenta del Gobierno, coincidió con San Juan frente al ministerio, y afirmó que se había puesto en contacto con el sector financiero, al que instó a “acompañar y apoyar a las personas más vulnerables”. También el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, se ha interesado por esta iniciativa. Y ayer, José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), se pronunció al respecto.

Roldán admitió que hay un problema estructural, ante el que la primera respuesta de la banca era insuficiente, y que en breve se presentará un plan integral para afrontar las demandas de San Juan y los 600.000 firmantes. El presidente de la AEB dijo también que el futuro era digital, y es muy probable que tenga razón; las pruebas están a la vista de todos en cualquier ámbito de la actividad cotidiana. Por tanto, es preciso que los ciudadanos, también los mayores, hagan un esfuerzo para aprender a moverse con autonomía en este –relativamente– nuevo universo. Como también lo es que la banca garantice, y más tras un año tan lucrativo, la atención a los que perdieron el tren digital. Está bien que Roldán les anime a progresar. Pero quizás no fue adecuada su asociación de la demanda de los mayores a un caso de neoludismo (en alusión al ludismo, movimiento contra la maquinización surgido en la Inglaterra del siglo XIX). Una cosa era oponerse, violentamente incluso, a un requerimiento ineludible de la revolución industrial, y otro es reclamar a la banca una atención apropiada para sus clientes más fieles.





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