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Unos contactos que deben ir a más, por Editorial

Feb 7, 2022 , , , , ,



Anteayer, domingo, La Vanguardia publicó una información titulada “La burguesía catalana y el independentismo exploran su entendimiento político”, donde se desvelaban los discretos contactos mantenidos por ambas partes durante las últimas semanas y meses. Entre ellos, el llevado a cabo en Bruselas por el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, y el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. O el del actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, con Sánchez Llibre y otros dirigentes empresariales en Barcelona. O el de Oriol Junqueras, presidente de ERC, con la junta del Cercle d’Economia. O los de Jordi Sànchez, secretario general de Junts, con otros mandos empresariales…

He aquí una noticia que no podemos calificar más que de positiva y alentadora. Por una razón muy sencilla: dos estamentos de la relevancia del mundo político y del empresarial no pueden vivir dándose la espalda sin que se resienta, y de modo grave, la buena marcha del país. Sin cierta complicidad entre ambos, el país pone en jaque su progreso.

Las discretas citas entre empresarios e independentistas son alentadoras para el país

El intento secesionista del 2017 rompió muchas cosas en Catalunya, buena parte de las cuales siguen por reparar. Una de las más notorias, que se manifestó enseguida, a gran escala y con enormes consecuencias (por más que en su día las negara el independentismo), fue la confianza que el empresariado y la banca depositaban en el Govern. Desde el referéndum del 1 de octubre del 2017 hasta el final de ese año, más de 3.000 empresas trasladaron su sede fuera de Catalunya, incluidas casi todas las del Ibex 35 y otras con facturaciones superiores a los 1.000 millones anuales. La posibilidad de verse excluidas de la zona euro –uno de los riesgos asociados a una independencia unilateral– actuó como un resorte automático que impulsó a bancos y empresas a soltar amarras, alejándose de la tierra que las generó y las vio crecer, rumbo hacia nuevos horizontes. Quienes se fueron llevaban billete de ida o, al menos, eso es lo que se desprende del siguiente hecho: la gran mayoría siguen, más de cuatro años después, sin volver. Se fueron con la sensación de que el independentismo había comprometido su futuro. De ahí que, en mayoritaria proporción, los grandes empresarios observaran con indisimulado recelo el procés .

Los avances logrados en los primeros contactos –a veces no exentos de tensiones– que motivan este editorial han sido limitados. Pero eso no debería ser un obstáculo para que prosigan. Ahora bien, si se pretende que lleguen a buen puerto, deben basarse en un reconocimiento de la realidad. Es decir, en la conciencia de que el procés fracasó y de que el progreso del conjunto de la sociedad catalana pasa por trabajar a partir de esa realidad, y no a partir de un sueño o un anhelo que se persiguió con más ilusión que sensatez.

No está claro que eso se haya logrado. Y hay otro factor preocupante: el modo en que el mundo soberanista ha desarrollado estos contactos con el empresariado ha reflejado un nuevo episodio de la rivalidad entre ERC y Junts –tratando ambos de anticiparse a la hora de reconquistar la confianza de la patronal–, más que un franco intento de sumar todas las fuerzas disponibles para trabajar codo a codo por la reconstrucción del país.

En todo caso, estos contactos marcan el camino que seguir. Tras un lustro de fractura social múltiple –siendo la del poder político y el empresarial una de las más lesivas–, cualquier intento de recuperación es bienvenido. El camino se prevé largo y revirado. Pero hay que perseverar. Las partes deben seguir hablando, negociando y por tanto cediendo, con el objetivo de reparar una fractura que, de otro modo, impedirá al país caminar hacia un futuro mejor.





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