• Mié. Sep 28th, 2022
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Venta directa de naranjas o uva frente a la crisis de precios del campo valenciano


En los últimos días han vuelto los titulares catastróficos de la crisis de precios de la naranja valenciana. Muchos agricultores, como lamentablemente ocurre desde hace años, han decidido regalar la cosecha; otros, se han visto obligados a malvenderla por tres céntimos el kilo.

Una situación que algunos buscan atajar de manera radical: cortando el contacto con los comerciantes y la gran industria y lanzándose a la aventura de vender directamente al consumidor.

Cajas de naranjas porque «desapareció» el intermediario: «Comenzaron a llover los pedidos»

Uno de ellos es Nando Durà, agricultor con unas cinco hectáreas de cítricos en Polinyà de Xúquer. Hacía tiempo que tenía en mente acortar los canales de comercialización de naranjas, pero una lesión el pasado verano le hizo pensar que era mejor dejarlo para más adelante. Así que en septiembre, como siempre, un intermediario se acercó para ofrecerle 20 céntimos el kilo de navelina.

Conforme se acercaba la fecha de recolección y dejó de dar señales de vida, pese a los obstáculos de la salud, no vio otro remedio: comenzar su proyecto de venta directa. “El teléfono del comerciante estaba apagado y fuera de cobertura. Es normal que en campañas donde la naranja pierde valor, desaparezcan del mapa o te den largas. Son cosas que pasan y, como nadie denuncia, no pasa nada”, lamenta.

El agricultor valenciano Nando Durà

El agricultor valenciano Nando Durà

LV

Inicialmente pensó en dar salida a sus naranjas, calculó que unas 15 o 20 cajas semanales, a través de un amigo que ya tenía montado el negocio de venta directa. Pero la respuesta superó sus expectativas con creces: “Comenzaron a llover los pedidos. La primera semana recibí 300. Ahora vendo unas 100 o 120 a la semana. No paro de enviar”. Dice que sus naranjas llegan a toda España, “sobre todo a Catalunya y Madrid”.

Además, la naranja es una fruta especialmente buena para hacer envíos porque no es tan delicada como otras, como puede ser el caqui o incluso la mandarina. La respuesta de los clientes está siendo muy buena: “La gente aprecia una naranja recién recogida del árbol. Muchos me han dicho que hacía mucho tiempo que no comían una con ese sabor. La que compras en el supermercado ha pasado unos 20 días hasta llegar al lineal”, explica Durà.


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No todo es tan bonito como parece. Detrás de sus palabras y de sus cifras, hay mucho trabajo. Al menos, bastante más que vender las naranjas a un intermediario y olvidarse de ellas. “Lleva mucho tiempo, tienes que dedicarte a esto. Hay que recogerlas, elegirlas, pesarlas… es mucha faena. Pero el dinero que ganan los almacenes, de esta manera lo ganas tú con trabajo”, observa Durà. Y si la cosa sigue yendo bien, la próxima campaña contratará a una persona para que le ayude.

¿Puede ser la venta directa una salida a la interminable crisis de la naranja valenciana? “Para algunas personas sí, pero para todos no”, valora este agricultor.

Naranjas valencianas en Consum

Naranjas en un supermercado 

Consum

Por un lado, explica que “la mayoría de gente que tiene naranjos no se dedica a la naranja, sino que son fontaneros o trabajan en la Ford y van al campo el fin de semana, por lo que no pueden dedicarle tanto tiempo”.

Por otro lado, recuerda que la Comunitat Valenciana exporta a Europa el 94% de los cítricos, por lo que, como mucho, cree que se podría llegar a un 10% de mercado interior, pero nunca absorber toda la oferta que hay.

Naranjas Lola, los pioneros de la venta online de fruta en España

Quien tiene experiencia en la materia, y mucha, es Federic Aparici, impulsor de Naranjas Lola. Él y su familia llevan toda su vida dedicada a la naranja en Cullera y en 1998 lanzaron la primera página web dedicada a la venta directa de fruta porque los costes, ya entonces, eran cada día más altos y la industria no hacía más que presionar los precios a la baja.

Recuerden como era internet a finales de los 90. Aquel mismo año nació un desconocido Google y no existía ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram. Eso del e-commerce sonaba a ciencia ficción y la gente, acostumbrada a comprar en persona, no se fiaba de una página web plana con un teléfono. De hecho, los ordenadores eran un extraño aparato casi exclusivo de la banca y de las administraciones. Algo parecido podemos decir de los móviles, que parecían “maletines de la Cruz Roja” y apenas tenían cobertura.

Naranjas Lola, pioneros en la venta online de fruta

Naranjas Lola, pioneros en la venta online de fruta

LV

Así que los primeros años, como recuerda Aparici, “fueron muy duros” y “no entraban ni los virus ni las moscas en la web”. A punto de cerrar el negocio, se le ocurrió escribir 15.000 cartas a mano dirigidas a los hoteles y restaurantes de toda España que encontró en guías como la Repsol, ofreciendo naranjas recién cosechadas y que se recibían en 24 horas. Apenas respondieron unos 40, de los cuales acabaron siendo clientes cuatro, que no llegaron a cubrir ni los costes de las cartas y los sellos de su peculiar campaña publicitaria.

Pero la perseverancia es un valor y llamando uno por uno lograron conseguir más clientes. Hasta que lograron alguno famoso y el negocio fue creciendo al ser nombrados y recomendados en congresos de gastronomía, y más tarde, en redes sociales. Han vendido a nombres tan sonados como Ferran Adrià, Martín Berasategi y hasta la Casa Real.


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Hoy tienen unos 5.000 clientes particulares y proveen a unos 200 establecimientos de hostelería y ya hace tiempo que diversificaron el producto: también sirven productos de huerta de temporada, limones y hasta elaborados por ellos mismos como mermeladas y cocas típicas de la zona.

Como Nando Durà, el pionero de la venta online de fruta también subraya que esta no puede ser la salida a la crisis de la naranja. “El problema no está en el consumo en España, sino en Europa. Si Europa falla, nos falla la exportación. Compran la naranja de otro lugar que la ofrece a precio de risa, como Marruecos o Egipto, que tiene mano de obra tirada de precio y usan fitosanitarios que aquí están prohibidos. No podemos competir con eso”, sostiene Aparici.

“A pequeña escala, la venta directa puede ser una solución. Pero no es la gran solución, porque no podemos consumir todo lo que producimos”, insiste. Y considera que “no se ha sabido vender el producto” local: “Las naranjas valencianas son un Gran Reserva y la vendemos como un Tempranillo. No puede ser. No las valoramos”.

Iniciativa en la uva del Vinalopó para la próxima campaña

Ni todo es naranja en la agricultura valenciana ni es la única fruta que se vende a pérdidas o a precios muy ajustados. Estas iniciativas han envalentonado a otras que podríamos ver en la Comunitat Valenciana en los próximos meses.

Un ejemplo de ello es Leila Castelló, técnica de compras y nuevos desarrollos, e hija de unos agricultores de Agost que producen unos 45.000 kilos anuales de uva del Vinalopó.

Bienfi Quirant, madre de Leila Castelló, en sus campos de uva del Vinalopó en Monforte del Cid

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Está estudiando la posibilidad de abrir un canal corto de comercialización para ofrecer “una uva de calidad recién cortada al consumidor” además de “un precio digno” a sus padres, que “trabajan su cosecha durante todo el año a cambio de precios que apenas cubren los costes de producción”.

La uva tiene unos costes sensiblemente más altos que los de la naranja: entre 50 y 55 céntimos el kilo y se paga a unos 60 céntimos el kilo (excepto la variedad más tardía, la Aledo, que es la que se vende para Nochevieja y que puede alcanzar los 0,90€/kg).


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Prevé empezar en la próxima campaña, en agosto, para el consumidor “que busca producto de calidad y kilómetro cero con un precio justo para el productor” y también tocará a las puertas de la restauración, especialmente a la de los chefs más concienciados con los alimentos de proximidad. La uva es un producto más delicado que la naranja, por lo que el empaque será, probablemente, más caro.

Pero Castelló cree que vale la pena por revalorizar el producto que sus padres y tantos otros agricultores trabajan con cariño horas y horas, de “lunes a domingo”, para cobrar, como mucho, “mil euros al mes”.





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