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Vladímir y Jinping huelen sangre, por Ramon Rovira



El necio mira el dedo cuando señala la luna. Europa tiembla ante la invasión rusa de Ucrania cuando lo que hay en juego es un nuevo orden mundial. La próxima semana, coincidiendo con la inauguración de los Juegos de invierno en Pekín, el presidente chino, Xi Jinping, y el líder ruso, Vladímir Putin, ocuparán los puestos de honor ante el estéril boicot occidental. Los dos, mano a mano en el momento más crítico desde la guerra fría. Una excelente oportunidad para remachar el clavo de sus coincidencias, para consolidar la autocracia frente a la democracia.

En juego, el poder global, pero sobre todo el triunfo de las ideas

Jinping y Vladímir encabezan dos dic­taduras y creen que el objetivo de EE.UU. es derrocarlos incitando movimientos prodemocráticos internos. Comparten ambiciones territoriales: Rusia, el antiguo perímetro que constituía la URSS; China, la isla de Taiwán y los archipiélagos del mar de China Meridional. Rusia sueña con barrer a EE.UU. de Europa, y China, con relevarlo en el dominio del océano Pacífico. Malviven con la unipolaridad impuesta por Washington después de la caída del muro de Berlín y no soportan la arrogancia con la que hace y deshace gobiernos, caída de Sadam en Irak, troceando la ex-Yugoslavia u ocupando Afganistán. El fracaso de esta última aventura, sumado al cansancio de tantas décadas patrullando el mundo, ha encendido las alarmas de un posible derrumbe del liderazgo norteamericano. Y en Moscú y en Pekín han olido sangre.

Quizás ha llegado la oportunidad que los dos autócratas llevan tanto tiempo esperando para dar un golpe de mano en el tablero geopolítico mundial y corregir los usos y costumbres del último siglo. En juego, el poder global, pero sobre todo el triunfo de las ideas. Ante el liberalismo occidental que pregona la democracia y los derechos humanos, una relación político-social en que la tradición histórica oriental sea determinante. La clave es encontrar el momento para pulsar la tecla que desencadene el seísmo. Una invasión rusa del este de Ucrania y al mismo tiempo la ocupación china de Taiwán abrirían dos frentes inabarcables para el ejército de EE.UU. y sus chirriantes aliados de la OTAN.

Miremos los ojos de Jinping y Vladímir, allí puede estar la respuesta del nuevo orden mundial.





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