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Vuelva usted mañana, por Enric Sierra

Sep 19, 2022 , , , , ,


A menudo nos quejamos con pena del éxodo que emprenden numerosos jóvenes en busca de una prosperidad que nuestra sociedad no les ofrece. Este fenómeno creciente lo vivimos con frustración porque las nuevas generaciones se forman en nuestras universidades, pero son otros países los que aprovechan el talento de esa inversión colectiva. Los jóvenes emigran y, una vez establecidos en sus nuevos destinos, difícilmente vuelven por la escasez de una oferta vital y profesional atractiva que compita con las condiciones ventajosas que tienen en sus lugares de acogida. Esta exportación de talento responde también a las políticas de atracción en materia de formación que impulsan países con una visión a largo plazo. Estas políticas consisten en facilitar trámites y ayudas de todo tipo a estos estudiantes que les permiten establecerse en un país extraño de forma sencilla para que se sientan rápidamente parte de la comunidad que les acoge.

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Afectada por la burocracia. Ekatarina Temirova estudia el cuarto curso de Criminología en la Universidad de Barcelona

Miquel González / Shooting

Y mientras España exporta estudiantes pasivamente, mantiene muros de contención burocráticos a la importación de talento extranjero. Como se explica en el reportaje de Carina Farreras en la sección de Sociedad, nuestras universidades piden aligerar las barreras administrativas que se imponen a los alumnos de fuera que quieren estudiar aquí porque valoran la alta cualidad de nuestros centros formativos en comparación con los de sus lugares de origen. Las universidades reclaman mayor agilidad para ser competitivos con sus colegas extranjeros y para aprovechar una tendencia que les abre muchas posibilidades al saber que en el 2030 hasta 10 millones de estudiantes de bachillerato del mundo buscarán continuar su formación fuera de sus países. Harían bien los responsables del ministerio de Universidades y también sus homólogos catalanes en revisar el farragoso papeleo que deben cumplimentar los valientes estudiantes que deciden venir a estudiar. Por ejemplo, tardar un año para homologar unos estudios de bachillerato cursados en el extranjero es una barbaridad que nos ancla en aquella España del “vuelva usted mañana” que Mariano José de Larra describió hace casi dos siglos y que desgraciadamente sigue vigente.

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