• Mié. Oct 5th, 2022
Etiquetas principales

¡Y pensar que lo teníamos todo!, por Santi Vila

Ene 1, 1970 , , , , ,


El procés envejece mal, ha sentenciado hace pocos días Jordi Évole. Como pasó en su día en Quebec, tengo la impresión de que también en Catalunya a los protagonistas del bienio negro 2016-2017 cada vez les costará más justificar su comportamiento de aquellos días. Porque si vistos en perspectiva los hechos en sí resultan más bien tristes y lamentables, la irrupción de la pandemia ha situado la agenda de preocupaciones ciudadanas en una dimensión radicalmente distinta: es la hora de centrarse en la gestión, la salud y la economía. Y las disputas de salón sobre la organización y reparto del poder y la influencia económica de los de siempre, mejor disfrutarlas a través de la nueva temporada de Succession, la serie de moda en HBO, que incitando a cortar carreteras, quemar con­tenedores y ocupar aeropuertos.

El anuncio de Jordi Cuixart de que no va a optar a la reelección como presidente de Òmnium Cultural confirma el final de ciclo. El que seguramente fue sentenciado de forma más injusta por el Tribunal Supremo, y que quizás por su inquebrantable falta de partidismo ha mantenido su reputación intacta durante todos estos años, ha justificado con claridad meridiana su abandono de la presidencia de la histórica entidad catalanista: “Se necesitan liderazgos nuevos, capaces de graduar las gafas del 2017 a las necesidades del 2022”. Aunque más discretamente, creo que así lo ha interpretado también la dirección de ERC ya hace algún tiempo: la política debe regresar de la calle a los despachos, de la poesía y los sentimientos, a la prosa y la razón. Por eso resultaría un error imperdonable que desde sectores del independentismo o del españolismo más rancios se intente avivar de nuevo un conflicto entre catalanes o entre Catalunya y el resto de España, ya sea aprovechando el hipotético futuro reconocimiento de la inmunidad parlamentaria de Puigdemont o las limitaciones de la mesa de diálogo abierta entre el Gobierno de España y el de Catalunya.

barcelona-fuego en paseo de gracia- foto ana jimenez

 

Ana Jiménez

Porque aunque parece evidente que al menos en esta legislatura el crédito de Pedro Sánchez para resolver el conflicto catalán ha quedado agotado con los indultos, no por ello hay que renunciar a la vía del diálogo, la negociación y el acuerdo. Digo yo que un conflicto que de forma más o menos intermitente se arrastra al menos desde hace un siglo, ¡no hay que resolverlo en un cuatrienio! Y sigo pensando que la solución al encaje de la inequívoca voluntad de autogobierno de Catalunya, si se quiere duradera, requiere del concurso activo también del PP, no solo del PSOE. Resolver la cuestión catalana es un tema de Estado, que exige consensos entre los grandes partidos españoles y, en clave doméstica, entre socialistas y nacionalistas, republicanos y carlistas.

La sociedad catalana merece volver a ser referente de convivencia y no fuente de follones antisistema 

También Carles Puigdemont y los de Junts deberán interpretar correctamente el posible reconocimiento de su inmunidad parlamentaria por parte de la justicia europea, una resolución que, de producirse, sin duda confirmará el profundo despropósito y desproporción con que por parte del Estado se abordaron las decisiones políticas del 2017, especialmente por parte de la Fiscalía y en su fase de instrucción. Pero que la justicia española quede de nuevo en evidencia, en mi opinión, no justifica volver a sembrar la discordia en una sociedad catalana que merece volver a ser referente de convivencia, pluralismo y progreso y no fuente de follones antisistema. Y que en democracia nunca más debe caer­ en la tentación de defender sus aspiraciones, por muy legítimas que sean, al margen de la ley. Algunos contraargumentarán con razón que también el Estado español ha sembrado enfrentamiento, difamando desde sus cloacas y con dinero público la honorabilidad de personas como Xavier Trias o Artur Mas, a quienes se acusó injustamente de prácticas corruptas sin prueba alguna. O que con partidos como Vox en alza, lo de la España como nación de naciones es una entelequia, más quimérica que la propia independencia.

A todos ellos, solo se me ocurre replicarles con el diálo­go final de la estupenda película Don’t look up, que estos­ días recorre los cines y las casas de los suscriptores de Netflix. Sentados charlan­do y cenando ante lo que va a ser el inminente fin del mundo, al final inevitable tan solo por la estupidez y avaricia humanas, el profesor Randall Mindy (DiCaprio) recuerda a sus parientes: “Lo gracioso es que en realidad, en realidad lo teníamos todo, ¿no? Si te pones a pensarlo”. Creo que no deberíamos cansarnos de estar bien.





Source link